
Los enfrentamientos entre la comunidad estudiantil y la Policía en Valencia vienen manteniendo unos desencuentros que están dando la vuelta al mundo por la dureza con que la policía se enfrenta a los jóvenes estudiantes de ESO y Bachiller, que protestan por los recortes llevados a cabo de la Generalitat en educación. Unos enfrentamientos que se están saldando con una veintena de heridos y otros tantos de detenidos.
Nadie, a nivel de Administración,
ha intentado nada por evitar esta segunda manifestación. No valen las amenazas,
no valen las detenciones, no vale decir que a diferencia del anterior gobierno,
en el caso de los indignados del 15M, “la policía está entre otras cosas para mantener
el orden”. Tampoco, en este caso, basta con decir que “ya está bien de hacer
manifestaciones sin pedir autorización gubernativa”. Ni que la actual Delegada del Gobierno de
Madrid diga públicamente que ella “no habría consentido la manifestación de la
Plaza de Sol en Madrid”. No me vale nada de ello, porque estamos hablando de
manifestantes que en su gran mayoría son menores de edad y, simplemente por
ello, la adopción de cualquier otra medida, o al menos el intento, hubiese sido
más acorde con los que se supone deben ser los valores de un Estado de derecho.
Esta sociedad nuestra está perdiendo los papeles. Hoy se puede leer
textualmente en algún medio informativo que el Jefe superior de Policía trata a
los estudiantes como enemigos. (El País. “No le diré al enemigo cuantos efectivos tengo”,
en referencia a los estudiantes que se han manifestado). Producen inquietud
estas manifestaciones, porque la mayoría de los manifestantes podrían ser
perfectamente, por sus edades, hijos de los policías antidisturbios que han
reprimido la manifestación y a esas edades se puede ser cualquier cosa, menos enemigo de un Jefe de Policía.
La violencia deslegitima a quien la practica, sea estudiante o policía, pero cuando hablamos de menores, la cordura, la tolerancia y la adopción de medidas alternativas siempre corresponden a los adultos.
Seguramente saldrán en breve tiempo responsables políticos que intentarán justificar lo injustificable. Si, he dicho lo injustificable, porque nadie justifica con palabras vacías nada de lo acontecido estos días en Valencia. Hartura produce escuchar que ciertos profesores han promovido estas manifestaciones entre su alumnado prometiendo el aprobado a los asistentes. Otros, más atrevidos, expresan que ¿por qué no se manifiestan los profesores en lugar de ser tan cobardes de enviar a los alumnos?, y que con profesores así tendremos otra generación perdida.
Si alguien lo dice, que lo diga con pruebas y denuncie en el juzgado porque vivimos tiempos en los que ya nadie engaña a nadie durante todo el tiempo. No basta con intoxicar a la opinión pública para sacar adelante situaciones como las que se están viviendo en Valencia. Estamos viviendo tiempos complicados y quienes piensen que la normalidad se gana con la fuerza y con el miedo, están equivocados. La normalidad se ganará con la verdad y con la justicia.
Hasta ahora hemos mantenido un modelo de sociedad en la que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hemos sufrido de dirigentes políticos, banqueros, nuevos ricos y usureros y además, hemos padecido una justicia en la que por unos u otros motivos los corruptos y prevaricadores se han ido de rositas con mil chanchullos a sus espaldas. Por eso, ahora cuestiono más que nunca el uso desmedido de la fuerza con los jóvenes que defienden sus derechos.
Seguramente los problemas que tiene la educación se harán extensibles a los del resto de la sociedad porque ni los trabajadores ni los estudiantes son los causantes de esta crisis, por eso toca que los Gobiernos Central y Autonómico empiecen a explicar, ejemplarizar y depurar responsabilidades porque el empleo de la violencia siempre va a generar miedo o más violencia y eso, ni es bueno, ni conveniente, ni permisible en un Estado de Derecho.