Viernes, 25 de abril de 2014
Última actualización: Jueves, 24 de abril de 2014 17:21
Viernes, 13 de abril de 2012
BUÑOL

Alicia Hernández - Sábado Rojo

Guardar en Mis Noticias. Enviar por email
ALICIA HERNÁNDEZ *

El Sábado de Gloria de 1977 tiene nombre propio: Sábado Rojo. Esa tarde se anunció la legalización del PCE. Santiago Carrillo esperaba la noticia en Cannes. Al día siguiente viajó a París y de allí a Madrid. Encontró la capital de España con coches circulando que hacían sonar sus bocinas y enseñaban por sus ventanillas banderas del Partido Comunista. Convocó al Comité Central para el 14 de abril, día conmemorativo de la II República, y en ese Comité se aprobó el programa electoral y las candidaturas para participar en las elecciones de ese año. Esto cuenta Santiago Carrillo en su libro de Memorias. Las elecciones generales legislativas se celebrarían, después de cuarenta y un años desde las últimas, el 15 de junio; donde todos los partidos democráticos podrían concurrir por haber sido legalizados con anterioridad, salvo los republicanos, legalizados con posterioridad a la celebración de las elecciones.

[Img #5537]
Nuestro país vivía días convulsos: huelgas, manifestaciones, detenciones… que hallaron el colofón de las protestas con la triste Matanza de Atocha, el 24 de enero de ese año. Adolfo Suárez, presidente del gobierno, continuaba con el proceso de conversión democrática, contra las opiniones de los militares y de la derecha franquista. Días difíciles.
Este año se cumplen 35 de la legalización de los partidos políticos y la más sonada fue la del PCE, por razones obvias. Yo tenía 17 años, el año anterior había vivido el encierro en la Iglesia San Pedro Apóstol con las trabajadoras de Las Hilaturas, desde la solidaridad, guitarra en ristre –ya que yo no trabajaba en la empresa, estaba estudiando- pero mis hermanos y yo  participamos. Mis recuerdos de esos años no son en solitario, son en grupo, siempre grupos de gente: debates políticos, sindicales, organización de los más variados eventos culturales y educativos, casi siempre apoyados por una iglesia progresista, de curas obreros que a la postre siempre se casaban, o por gente de izquierdas que nos cedía el teatro Montecarlo o el Litro. El ambiente estaba muy caldeado, Buñol deseaba y trabajaba por los cambios democráticos. Aprendimos a manifestarnos multitudinariamente con el conflicto de las Hilaturas y repetimos en noviembre de 1976 exigiendo libertades sindicales y democráticas con una concentración pacífica aunque rodeada de guardia civil. Cada organización sindical y política tenía su propia estructura y realizaba independientemente sus actividades, aun así se daba cierta complicidad unitaria. Por ejemplo, los cuatro sindicatos existentes en Buñol: CC.OO., UGT, CNT y USO, celebraban juntos el 1 de Mayo y coordinaban sus acciones.
Aquel 9 de abril, Sábado Rojo, también nos pilló en grupo, aunque en este caso con los preparativos de las cuadrillas de pascua buñoleras. Alguien lo oyó por la radio y lo contó. No dábamos crédito, pero el grupo de gente fue creciendo y se formó, no sé a iniciativa de quién, una romería: visitamos las casas de varios históricos del PCE. Recuerdo con mayor nitidez la visita a la casa de Amparín Martínez (q.e.p.d.), en la Calle Hernán Cortés, un chalé hoy inexistente. Su madre, mayor, sentada en un sillón, un montón de gente que de pronto invade la vivienda… La emoción se sentía a flor de piel, apenas se podían contener las lágrimas cantando la Internacional, con una letra para mí diferente. Unos cantaban: ¡Arriba parias de la tierra! ¡En pie famélica legión! La mía decía: ¡Arriba los pobres del mundo! ¡En pie los esclavos sin pan!... Lo que no impidió que cantáramos juntos. Al día siguiente, Domingo de Gloria para el creyente, Domingo de Pascua o día del Roquillo popularmente para los buñoleros, pasturamos la mona acompañados de una bandera republicana que se colgó del Puente Roquillo y que a su paso fue cosechando piropos y algún que otro poema, casi con la misma facilidad que fue ahuyentando a temerosos del franquismo. Nadie nos lo impidió ni tuvo mayores consecuencias. Nos hicieron fotos con total naturalidad, en el camino al Roquillo, en la fachada del campo de fútbol… El Partido Comunista era abiertamente republicano y ¿quién en Buñol no tenía a un comunista o un republicano represaliado en la postguerra en su familia? Pocos. ¿Quién no acogía con una grata sorpresa la legalización del “partido maldito” por antonomasia? Aquí, muy pocos; máxime cuando habíamos podido comprobar que nuestros abuelos o nuestros padres jamás llevaron rabo de demonio sino todo lo contrario: habían sido trabajadores esforzados, honrados y cariñosos con sus nietos y sus hijos. Había diferencias entre los partidos políticos de izquierda como las había entre las diferentes organizaciones sindicales; pero, creo que mayor era el deseo de dejar de ser proscritos ilegales, clandestinos, personas que solo podían opinar en la intimidad familiar y escuchar a escondidas Radio París para estar informados, y conseguir, después de tantos años de dictadura franquista, el derecho de reunión, el de opinión, el de estar representados en el Parlamento de la nación; en definitiva, era mayor el deseo de que España fuera un país democrático, que cualquier otro. La alegría fue compartida.


* Concejal y militante del PSOE


Lee el resto de artículos del especial de laredcomarcal.com sobre el 35 anivesario del legalización del Partido Comunista en Buñol
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
laredcomarcal.com • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2014 • Todos los derechos reservados
POWERED BY FOLIOePRESS